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Autorreportaje o Reportaje en auto

Autorreportaje – año 2007

Fiel a la tradición españolística, de hacer autorreportajes, comparto uno que ha inspirado a grandes camaradas (dicho sin connotación política) y mejores artistas que yo, como Joaquín Carbonell (DeP)

AUTO REPORTAJE O REPORTAJE EN AUTO.

-¿Usted, cómo se llama?
-Yo no me llamo pero mis amigos me llaman cada dos por tres.
-Quiero decir que ¿cómo es su nombre?
-Mi nombre pertenece al género femenino y tiene cinco letras. Es un sustantivo propio que etimológicamente significa…
-No hace falta que diga eso. Solo su nombre propio.
-Tiene razón, si es mío no va a ser ajeno.
-Lo único que le pido es que me diga ¿cuál es su nombre?
-Cual es su nombre.
-Por favor, sea seria… ¿qué es lo que dice su partida de nacimiento?
-Que soy hija de madre casada con mi padre, el día en que nací al mundo, vamos… la fecha… pero eso no se lo diré ni en broma.
-No, que dice a continuación de «Nombre y apellido».
-Ahhh, hubiera empezado por ahí… como yo que comencé, naciendo.
-¿Me lo dirá o no?
– Si, si, no se impaciente. Se lo diré. Lucía Angélica Folino. Y pasemos a la segunda pregunta.
-Al fin… Encantado.
-LUUUU CIIIAAAAA AAAANGELICAAA FOOO LLLIIIII NOOOOO, (en cantando) es que no entono muy bien.
-Basta, señora.
-La culpa es suya, y no sea insolente caballero le pedí que pasara a la siguiente pregunta.
-¿Puedo inquirir su edad?
-No responderé.
-Disculpe, no quise ser indiscreto.
-Le digo que no responderé porque esa es la segunda pregunta y usted debía pasar a la tercera y saltear la segunda. ¿No se acuerda? Ahora si quiere saber cuántos años tengo se lo contestaré en la siguiente.
-No, deje. No hace falta.
-Ahhh, que tema me ha propuesto.¡Usted es brillante! Va a llegar muy lejos, jovencito. Porque parece que el planeta se ha vuelto ignorante, de repente, y ya nadie respeta la ortografía. Hay faltas hasta en los diarios y en la red de internet ni le cuento.
-Yo no le propuse ningún tema.
-Por eso ni le cuento.
-¿Le gustaría escribir sobre usted misma?
-Escribir sobre uno mismo es muy difícil, yo siempre prefiero hacerlo sobre una mesa o un escritorio.
-Esa frase es de Dálmiro Sáenz. «Esto es cultura animal» ¿No le da vergüenza plagiarlo?
-¿Me la robó? Es que el mundo está lleno de ladrones. Y no hable a un «animal» que no entendería su idioma.
-¿Usted es una pícara?
– Para nada. Yo diria que soy una pi-económica.
-¿Me está tomando el pelo?
-Nada de eso, estoy tomando un sorbete de lima al limón. ¿Quiere un sorbito de sorbete?
-¿Qué opinión le merecen los cantautores?
-Inmerecida.
-¿Me recomendaría un libro?
-Sin duda, se lo recomiendo.
-Eso también es de Dalmiro Sáenz ¿no?
-Puede que sea de Alejandro Sánz, que para eso es su hijo. ¿cierto?
-Creo que no. Es distinto apellido.
-¿Ignora quien es “su” hijo? ¿No lo reconoció en el Registro Civil? Hombre ¡qué crisis de identidad que ha de tener el pobrecito con un padre como usted que ni lo reconoce!
-Señora… No tengo hijos. Usted me marea.
-«¿Y la marea sube y luego baja?» Sí, eso es de Serrat. Lo felicito por su gusto musical. Marea también es bastante bueno como grupo.
-Pero si yo no nombré a Serrat. Esto no me gusta nada.
-¿Enserio? ¿Cómo es que a un español no le gusta Serrat?
-No dije que no me gustara el catalán. Por favor… pie-dad.
-No insista. No le daré el pie. Y no me haga pito catalán. ¿Quiere?
-Im-presionante.
-¿Lo estoy presionando, acaso?
-Al Director de mi diario lo mandaré al carajo.
-No sabía que el periódico tuviera barco. Cuídese en el carajo porque puede haber piratas.
-Ese carajo, noooooo. Los piratas ya no existen, mujer.
-No se crea, hay algunas pi-lauchas que parecen pi-ratas de Sandokan.
-Auxilio. ¡Dios Santo!
-¿Ahora me dirá que Sandokan es Dios?
– … ¡Qué pelo…!
-Vaya mozo, vaya. Le devuelvo su pelo. Es que lo tomé por equivocación.
-La equivocación es suya. LOCA, LOCA.
-Loca, loca, pero nadie me la toca.

-Ringgggringgggg… disculpe… tengo teléfono.
-Yo también y no hago tanto alarde por llevar un celular en la cartera.

-Bueno… ahora sí, me tengo que re-tirar.
-Que se mejore, pero no se vuelva a tirar que puede dañarse el cerebro. ¿Hasta la próxima parada, chofer?
-¿Que parada ni parada…?, esto no es un colectivo y no pienso tirarme a ningún lado, IDIOTA. Esto es un auto.
-Tiene razón, usted sería idiota si se tirara. Mejor viajo sentada que parada. ¿No cree? Pongo el automático y sigo.
-Nos vemos, vaya doña.
-Idónea, nomás. ¡¡¡Taxi!!! Frene.

El taxista que escuchó todo resignado en su butaca, se da vuelta y pregunta:
-¿Adónde la llevo ahora, señora?
-Usted no me llevará a ningún sitio, degenerado. Yo voy sola. Y aquí me bajo.

Hasta la vuelta y Bella Vista Social Club.

Lu

Imagen de Florencia Kohan

augures y quiromancia

augures y quiromancia

No dejo de escribir la hipocresía
de viejos onanistas del deporte
más chusco: matar a la consorte
de labios de caimán de la poesía.

Todos saben que en nombre de Lucía
pergeño garabatos como aporte
al Sur, que me provoca desde el Norte,
con augures de tersa melodía.

El pan sabe a reseco en la distancia
y a fuer de persistente lo bendigo
como un ciego auditor de quiromancia.

Mi meta es olvidarme de mi ombligo,
dejar atrás los versos y arrogancia
y cambiar su virtud por mi castigo.

Lu

Un soneto mirando a Argentina desde España, inédito en libro, publicado en las redes hace más de 10 años.
Lo recordé porque mi viaje a la madre patria de los latinoamericanos está próximo.
Faltan menos de dos meses para pisar mi segunda querida tierra.

La piedad

La piedad.

Una mujer lo atraviesa;
es causa de su deseo,
encarna un fantasma litoral.
Una mujer que venera
no sin espanto,
como una fulguración órfica
que lo lleva a cuestas
en su travesía de aguas.
Una mujer de rotaciones
y traslaciones,
hermética,
poética,
esdrujularia.
Una mujer de sinrazón
y de demencia compartida,
de vértigo renacentista
que lo contempla en el destripamiento
huérfana y mayúscula
como la estatua de La Piedad.

De mi libro Acuario Plateado por la Luna

VANITAS VANITATUM ET OMNIA VANITAS

Este poema que compartí hace tiempo, con una mínima corrección será publicado en mi próximo libro, que es como el té del gran poeta Hugo Mujica: está caso listo.

Vanitas vanitatum

Vanitas vanitatum et omnia vanitas. Eclesiastés.
Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores.
Antoine de Saint-Exupery

El círculo de las vanidades es el centro del anverso
en la hoguera funeraria de los tropos del poeta.
Las descendientes de Érate queremos punzar el miasma,
extirpar la moral profanada por el pánico y la lujuria
insensata e insolente,
en una vivisección rigurosa,
trepanar los cráneos
del perverso crimen organizado;
con escalpelo, gubia o ganzúa,
con las llaves del infierno,
con bigote en desuso,
con riñones en la mano;
con registros barítonos
ansiamos lo imposible.
Queremos horadar al sonámbulo,
al anestesiado,
al cínico,
entrar en sus cabezas hueras
si no corre sangre en las arterias
de esos seres despreciables del damero,
ayuntados en coitos frenéticos,
mezquinos de mezquindad absoluta,
obstinadamente taimados,
tacaños de espíritu por definición de sombra.

El círculo de las vanidades no es pequeño
se expande cada día en un universo
que no se expande,
que gira y gira alrededor de un sol
que desconoce,
que han llamado Big Bang, que gira y gira a su vez,
alrededor de otros soles
u otros universos
que también desconoce el dogma del ateo;
espacios de dioses eternos, que juzgan o que juegan
y nos donan una libertad que los avaros cantan
por gusto del dinero esclavista
pero son incapaces de sentir.
Alguna vez sabrán, estas comadres inopinadas
si es que no mueren
persistiendo en sus errores,
qué significa la idea de la palabra Dios;
cual es la velocidad de la luz,
que –les voy tirando un dato-
es redonda y se mide en cálculos pitagóricos.
Ni con esa pista
adivinarán lo que quiero explicarles.
No se esfuercen.
No diré más.
Es inútil perder el tiempo,
que en la realidad no existe,
con los miriápodos
de cien pies enlodados, sin alas en las anclas,
Hay poetas afeminadamente premiados
que firman algunos versos
como propios,
pequeños poemitas robados al azar
de aquí o de allá,
con ánimo de lucro.
Van por ahí jactándose de ser artistas malditos,
revolucionarios encapuchados,
rompe huesos de las reglas
engalanados con trencitas de oro.
No son malditos por ese menester.
¡Qué bah!
Son benditos del sistema mercantil
que los apaña.
Hijos de la desgracia que provocan
con su exquisita soberbia de elegidos.
Mancomunan
aplausos, medallas, abrazos,
y cobran mucho,
mucho,
lo que debiera darse gratis.
¿Es eso el Avangard de la vanguardia?
¿Es esa la mística religiosa,
persuasiva
que escogen para ser insectos?
Atestado está el planeta de repetidores del Dante.
Es hora de dejar las antiguallas perezosas
y marchar hacia el
Res non verba.

La ascensión

La ascensión

“Sueltos los dolores de la muerte”

Hechos 2. Biblia Reina Valera 1960

¿Reproducen los libros las verdades?

¿Igualan el dolor de la inocencia?

¿Significan el múltiple mensaje

que aleja el fundamento de la tesis?

Poemas

que se esfuman en la nada,

en la paz del futuro irán al palio

donde serán juzgados por inútiles.

El verdugo oficiante es un carnero.

como suele suceder cuando

no hay diana floreada,

tridimensional virgen,

luna casada o cazadora

como en vetustas fábulas.

Final a punto de explotar los labios.

Descuento refrenando el lloro.

Final.

Rezando un bisbiseo.

Final.

Cargado de silencio.

OBRA SOCIAL

Obra social

En un remoto sitio de la imaginación

se alojan las ideas propias,

las precursoras,

las que cambiarán el mundo de raíz.

Millones de personas

las reproducen y habitan.

Cuentapalabras.

La creación verídica

asusta al más pintado.

Por eso,

cuando una idea exagerada irrumpe,

debemos suavizarla

pensando en el francés

que habló de domesticar al zorro.

Domesticar ideas no es distinto.

Significa quitarles su aire.

Amaestrarlas. Que se esfume

su vuelo vergonzoso

y la mirada poética del caos.

Hacerla callejera, predecible,

con un rasgo apenas peculiar,

innovadora,

para que aletee

original, auténtica y etérea.

He blasfemado tantas veces

contra los corruptos salteadores del camino,

que tratan de corromper los sutiles caireles

de la poesía moderna.

Y sin embargo, aceptémoslo:

La transgresión tiene sus límites.

Ahora, me toca autorizar los bonos

de la Obra Social de los poetas pobres,

y sujetarme al turno,

a los saludos forzados

de la señorita que atiende;

extender la mano a los desconocidos,

y que dedos y metacarpio sonrían

para ser alguien más en el vacío,

que respeta latiguillos decadentes,

como si fuera fácil,

y nunca hubiera pasado nada,

mientras del lado opuesto del mostrador

nos espetan:

«Es lo que hay»

y a resignarse.

En la era de la digitalización y los trámites virtuales, este poema y REINCIDENCIAS, quedarán como testigos de la burocracia que se vivió hasta la primera década del siglo XXI.

La soledad de vos

La soledad de vos/ de nosotros/ de usted

La soledad de vos

me llena el alma de sudor y aliento,

cuando los bares están secos

de madrugada fría

y amenaza lluvia en los rincones estériles

del fracaso ante

el noveno mandamiento de Dios.

Van construyendo el nido los chingolos

como jornaleros

sin trabajo en el estío,

a destajo del afrecho que consuman,

perdidos en cavilaciones

sobre el sexo de los ángeles,

si

el dedo es la medida del anillo

o

el anillo precede al dedo

que lo bautiza e interpela;

añorando a su amada congolita,

trinando sus canciones melodiosas.

Y la soledad de nosotros

crece

clara y fiel y fiel y clara,

transparente, devota, permanente

crece:

me tiembla en el recuerdo de tu nombre

que rememora,

a hurtadillas, su protocolo,

igual que un búfalo salvaje

haciendo señas;

y la almohada se mece perfumada

de girasoles en el

paisaje recortado de tu ausencia ilusoria.

En el calor del verano, en cambio,

la soledad de usted,

ataviada en mar,

me arrasa el cuerpo,

desvanece mi rostro entre las aguas

de rías contra lagos de montaña,

en el planeta insomne,

sin compases ni fuegos de kermés,

y me siento lejana e improbable,

extraditada al borde de equinoccios,

con la mitad de un brazo paralítico,

un ojo amoratado y otro preso

del tedio de vivir en el rellano,

lidiando por salir de la pendiente.

De mi próximo libro inédito.

Felices fiestas
Lu

La miseria de lo falso

Mi próximo libro ya está construido. Estimo que lo publicaré en marzo o abril, antes de viajar a España en mayo del 2022. Será el número 11. Faltan las correcciones, revisiones, elecciones de imprenta, de diseño, de título, en fin… lo más difícil y aburrido. Me divertí en la recopilación de los poemas que fundamenten su arquitectura. No, no estuve escribiendo nuevos: la inminencia de una dictadura me tuvo ocupada en otros asuntos más imperiosos y graves pero menos necesarios que la obra poética.

La miseria de lo falso

-preámbulo improrrogable-

Nuestra Virgen María, la intensidad de ausencias, María de la Tierra, Lucía lucía en ensoñaciones.

(de vez en cuando escuchas aquella voz canta la negra Sosa).

Aquella voz. Esa voz.

Pero esa voz es falsa moneda, moneda falsa.

No existe el artilugio como no existe ella. No existe nuestra infancia, donde dejamos la pobreza estructural rodeada de libros de Tolstoi, María María es un sol, la guerra y la paz, extraña coincidencia la nuestra de readers digest y Anas Kareninas.

Muchas personas hallan corriente y fatal la falsificación de la moneda.

Igual de vulgar e inexorable encontramos la imitación de las vidas sin identidades: El mundo paralelo de los que transitan por su heterónimo.

Y ocurre, de vez en cuando, que nos sentimos vaciados por el espectro. Como si el anónimo personaje quisiera ser nosotros mismos, nuestra palabra perfumando con aire el nuevo día. No los desechos que se asientan en la mente al desdoblarse y vernos desde fuera. Nuestra voz corregida por el foniatra de los pájaros. Una palabra de palabras, que pasa en limpio el borrador de nuestras intenciones, afectos y desperfectos. Una lupa que aumenta el signo. Una signatura como asignatura.

El portento es este, para algunos incautos que subliman y tildan de agradable el estereotipo. Porque cuando uno quiere desgajar (desgarrar, desnudar, desvelar, destripar, descular) el desfiladero, advierte sin ir demasiado lejos de su calle que no hay voz sin eco, ni eco sin arquetipo.

Sonámbulos y desprevenidos vamos pactando tristes rutinas para descubrir falsificaciones en nuestras imágenes oníricas.

¿Y qué se nos presenta con el análisis de tales agostos?

Que teníamos falsos billetes en nuestros bolsillos mágicos y que es hora de irlos devolviendo al legítimo dueño: El portador de los detritus de la confianza ciega.

He aquí la verdadera miseria. Nuestra orfandad en una caja de supermercado. La vergüenza de sentir que no somos creídos por no haber sido creados, por carecer de nombre y apellido. El spleen de Paris, la moneda de oro falsa, por ser un simulacro de pensamientos, más o menos afilados, heridos por el trueno de la esencia perturbadora de nuestro mutismo y nuestra infinita crueldad gremial.