La piedad

La piedad.

Una mujer lo atraviesa;
es causa de su deseo,
encarna un fantasma litoral.
Una mujer que venera
no sin espanto,
como una fulguración órfica
que lo lleva a cuestas
en su travesía de aguas.
Una mujer de rotaciones
y traslaciones,
hermética,
poética,
esdrujularia.
Una mujer de sinrazón
y de demencia compartida,
de vértigo renacentista
que lo contempla en el destripamiento
huérfana y mayúscula
como la estatua de La Piedad.

De mi libro Acuario Plateado por la Luna